Treinta años en turismo: mi escuela, mi pasaporte y mi manera de servir
- Myrna Villanueva
- 5 mar
- 2 Min. de lectura
Treinta años trabajando en turismo parecen una vida… y en muchos sentidos lo son. Cuando miro hacia atrás, me doy cuenta de que este oficio no solo me dio un empleo: me dio oportunidades, amistades, aventuras y una forma muy humana de entender el mundo.

Hubo temporadas en las que el trabajo en hotelería fue lo que me permitió pagar colegiaturas, sostener a mi familia y mantenerme de pie cuando sentía que todo había acabado. Otras veces fue mi pasaporte para viajar, conocer lugares que jamás imaginé y descubrir que el mundo es mucho más grande —y más generoso— de lo que uno piensa cuando está empezando.
🛎️ La magia de la recepción
Trabajar en recepción es como estar en la primera fila de una obra que cambia todos los días. Ves llegar a la gente con ilusión, con cansancio, con ganas de desconectarse, de celebrar, de reencontrarse. Y tú estás ahí, justo en ese momento en el que su viaje comienza.
Hay algo muy bonito en verlos salir a divertirse, regresar con historias frescas y, al final, despedirlos con un “hasta pronto” sincero. Aunque no lo sepan, uno también se queda con un pedacito de sus historias.

✈️ Viajar en temporada baja: el privilegio escondido
Y luego está ese regalo silencioso que solo quienes trabajamos en turismo conocemos: viajar en temporada baja.Cuando los hoteles están tranquilos, las playas respiran y las tarifas se vuelven más amables, uno puede disfrutar los destinos de una manera distinta. Sin prisas, sin filas, sin ruido. Es como si el mundo te dijera: “ven, este viaje es para ti”.
Esos viajes me enseñaron a mirar con calma, a apreciar los detalles y a entender que el turismo no solo es recibir visitantes… también es aprender a ser viajero.
Un oficio que te forma por dentro
Si algo me ha dejado este camino es la certeza de que servir no es un acto menor. Atender, escuchar, resolver, acompañar… todo eso te moldea. Te vuelve más paciente, más empático, más humano.
Treinta años después, sigo creyendo que trabajar en turismo es una de las formas más bonitas de estar en contacto con la vida de otros. Y también una de las mejores maneras de construir la tuya.




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